Estoy en una de esas tardes que quiero escribir pero no se de qué. La razón principal es que ya tenía ganas de inaugurar en el blog este año 2012. Entre otras cosas, para mí, este año es el de "ya no hay excusas". También representa para mí una hoja nueva, creo que más que hoja es hasta libreta nueva.
En este día, estoy contenta de estar consciente y despierta y quiero dar gracias, en este día 17, a esos 17 años que encarrilaron mi vida hacia otro camino que me ha permitido despertar.
17 años. Perspectivas de estudiar la carrera de Medicina, con ganas de ocupar un puesto importante y ganar un buen sueldo, basándome en ejemplos familiares que para mí eran un modelo de éxito. Era una chica tímida, con muy pocas habilidades sociales (o eso creía), con poca autoestima, que tenía su feminidad olvidada o quien sabe dónde porque no tenía suficiente autoestima para considerarse mujer (atractiva), ordenada, metódica y estudiosa. Me pasé bachillerato intentando encajar en un grupo de chicas de ciudad, hijos de profesores y ingenieros, en el que una chica de pueblo parece que le costaba más. Además, este grupo ya se conocían entre ellos porque provenían del mismo colegio.
3º de bachillerato, propuesta de excursión de curso a: Holanda, Andalucía,...la verdad es que no recuerdo las otras propuestas, pero adivinar cuál salió? Holanda, evidente. No sé qué efectos tuvo Holanda en mí pero para mí fue un infierno. Esa ciudad me rompió los esquemas, pero literalmente. Sentí que algo en mi cabeza se rompió, toda la estructura que tenía en mi cabeza que para mí representaba una sociedad adulta se hizo pedazos. Sentí que la sociedad adulta a la que me encaminaba carecía de valores, no podía entender como existía un sitio tan libertino como aquél. Sentí que la gente de mi alrededor se entregaba ciegamente a esos placeres sin preguntarse nada, y esos eran los adultos de mañana. Me sentí rara porque no me gustaran las drogas ni el alcohol. Y sobretodo me sentí muy sola, sentía que no encajaba en ese mundo adulto que no era lo que me imaginaba. Vi una noche a los profesores borrachos, dando un modelo nulo a los alumnos. Uno de los profesores entró en el camarote de una alumna y le propuso cosas fuera de lugar. Mi cabeza estaba saturada, todo estaba fuera de lugar. Una de las peores experiencias fue la visita al barrio rojo, donde las prostitutas eran expuestas en escaparates cual maniquis. Apenas podía digerir la idea. Las observaba incrédula pensando cómo eso podía ser real, como éso podía estar sucediendo. La gente de clase pasaba como si nada, como si fuera un sitio turístico más que ver, algunos hasta se reían y se burlaban. Y yo pensando: es que no lo ven? es que no entienden lo que eso significa? es que no ven la degradación de estas mujeres? es que no les importa?
Mientras, veía a mi amiga del pueblo, que estudiaba letras y con la que había perdido relación, bailando en la discoteca, a mi impresión con ciertos movimientos de mandíbula y con la palabra "sexo" escrita en la frente. Es posible que en aquellos momentos mi mente exagerara ciertas percepciones, porque en mi cabeza todo daba vueltas. Pero para mí supuso que el único referente cercano en aquel sitio también me había fallado.
En las 24h de ida y 24 de vuelta en autobús apenas hablé con nadie. Estaba sentada al lado de una chica que se quedó sin compañera de asiento y por lo tanto compartimos asiento. Se pasó el rato hablando con gente con la que yo no tenía relación. Durante la estancia por Holanda estuvimos en un velero, y me tocó dormir en la litera de arriba del camarote. La sensación fue bastante claustrofóbica porque tenía el techo cerca, no podía incorporarme del todo porque tocaba al techo.
Me pasé el camino de vuelta aguantando dentro esas emociones, se me hizo largo. Cuando llegué a casa explote en los brazos de mi madre y me eché a llorar, porque ya no sabía si era todo cosa de mi imaginación o alguien podría creer realmente mi forma de pensar y ver la cosas. Le dije: me crees, mamá, tu me crees, verdad? Más tarde, con los años, mi madre me dijo que notó algo muy extraño al abrazarme: no me notaba, me notaba vacía, no sentía la energía de su hija.
De hecho, algo murió en mi en esos 17 años. Entré en depresión, las noches subsiguientes tenía ansiedad y no quería que mi madre saliera de mi habitación antes de haberme dormido. No quería quedarme sola con mis pensamientos. Una de esas noches me llegó como una especie de revelación que me decía que ya no podría estudiar medicina, que ya no iba a ser capaz. Continué yendo a clase pero iba porque mis padres decían que tenía que ir. En clase estaba ausente. En casa tenía ansiedad, y mi ansiedad era tal que no podía distraerme con nada: intentaba leer un libro pero no entendía las frases porque mi cerebro no unía el significado de las palabras para dar sentido a la frase, intentaba ver la tele pero al principio me pasaba lo mismo, aunque intenté ser paciente y al principio tenerla aunque solo fuera para escuchar algo. Esa ansiedad se fue bajando progresivamente. No fui a ningún psicológo porque pensaba que no me iba a entender, que me iba a colocar etiquetas y a juzgarme, y francamente eso era lo último que me apetecía. En el verano me dió por dormir. Dormía para evadirme de esta realidad, era la forma fácil de escapar de este mundo. Pero de algún modo, estaba haciendo un proceso de recomposición. Morir y renacer.
Y aquí estoy hoy, haciendo homenaje a ese punto de mi vida. Más tarde, cuando estudié algo de astrología, me dijeron que en esos 17 años tenía colocados los dos nodos, nodo norte y nodo sur, las entidades manipuladoras y destructoras actuando simultáneamente hacia mi. Parece que esa "bofetada" de mi vida que me tiró literalmente al suelo en el fondo me hizo un favor, porque gracias a eso estoy despierta y consciente.
Bienvenidos al 2012